Amanéceme, si puedes


Supongamos que hay un reloj dentro de cada segundo.

Que en el sol, se ocultan multitud de lunas rosas.

Que los días se esconden detrás de las lilas azules o,

que es de noche,

y el amanecer llega con zapatos de charol rojo,

las manos llenas de estrellas

y una trenza en el pelo.

Supongamos, que no pudiésemos suponer,

ni abrir una ventana al mar o,

que estoy a oscuras y mirándote, me atrevo a decirte:


Amanéceme, si puedes



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El Jardín del Desencanto

El Jardín del Desencanto


Me dueles,
después de quebrarme la esperanza
y lanzar a mis entrañas un grito de soledad,
que me hace eco.

Y más me dueles.

Pero más camino desnuda hacia el alba
y se me clavan las lágrimas,
allí donde las horas lentas
dibujan la tristeza de mi sombra en las paredes.

Me hieres
por encima de tus angelicales ignorancias
y te hago morir con mi propia muerte,
que te termina y me termina,
y me late en las sienes al compás de tus mentiras
y me arrastra por el viento,
en busca del norte del olvido.

Y más me hieres.

Porque más veré nublarse el delirio del encuentro,
y aún más, desvanecerse la espera de tu abrazo.
Y ya tus ojos serán silencio
y la ternura de tus manos habrá destrenzado
el sendero de mis sueños.

Me mueres,
aunque ya muerta me hallaras.
Y se me acaba el firmamento
y la luz de las estrellas
y casi prefiero este rayo de ceguera,
para así,  forjar la noche y la penumbra
y evitar el ver tus ojos, o tu boca,
o el diablillo que advertías,
o el sigilo en que me muero.

Y más me muero.

Mientras parto hacia el viaje de tu ausencia,
y deshago de tu boca aquellos besos nunca dados,
y de tu olvido, los te quiero hechos de lluvia.

Y me llevo en la maleta nada de odio,
ni reproches, ni lamentos, ni sollozos, ni perdones.
Y me voy dolida de dolores traspasados,
herida a fuerza de albas rotas y calladas,
y muerta, y enterrada en el jardín del desencanto,
de lilas coronada y grises atardeceres,
mientras me llueve la angustia
y se me hace más ancho el sendero
que tú y yo no andaremos,
y me quema los pies el suelo,
mientras regreso de donde vengo sin ti,
a la nada.

...

Rocío Biedma


Publicado en el número 15 de “Claustro Poético”, año 2004
Poema que pertenece a mi libro “El Jardín del Desencanto”.