Amanéceme, si puedes


Supongamos que hay un reloj dentro de cada segundo.

Que en el sol, se ocultan multitud de lunas rosas.

Que los días se esconden detrás de las lilas azules o,

que es de noche,

y el amanecer llega con zapatos de charol rojo,

las manos llenas de estrellas

y una trenza en el pelo.

Supongamos, que no pudiésemos suponer,

ni abrir una ventana al mar o,

que estoy a oscuras y mirándote, me atrevo a decirte:


Amanéceme, si puedes



Traductor

TESTIGO

"Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes…"

Miguel Hernández


De mi dolor soy,
mi único testigo.
Soy la parte irracional
que mis sienes murmuran.
Aprendo de mí
y lloro conmigo.
Soy la que me di
y, por darme,
volví a perderme,
sola
contigo.
Soy un pentagrama
de arpegios rotos.
Un lienzo azul
de trazos imprecisos.
Se me aja el mañana, mientras
mi párpados hacen equilibrio
batiéndoseme como alas,
deshilachándome el alma
en este espacio tardío.
Con mi silencio hago surcos,
dejo, siembro, muerdo, venzo,
allano,
cincelo,
caminos.
De mi dolor soy,
mi único testigo.
Rocío Biedma (Jaén)


Poema publicado en el número 26 de la Revista Literaria Aldaba

Revista Aldaba

Pag. 35