Amanéceme, si puedes


Supongamos que hay un reloj dentro de cada segundo.

Que en el sol, se ocultan multitud de lunas rosas.

Que los días se esconden detrás de las lilas azules o,

que es de noche,

y el amanecer llega con zapatos de charol rojo,

las manos llenas de estrellas

y una trenza en el pelo.

Supongamos, que no pudiésemos suponer,

ni abrir una ventana al mar o,

que estoy a oscuras y mirándote, me atrevo a decirte:


Amanéceme, si puedes



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Julius Fatuo et Orbe



Hasta al aire
le pesa el día.

El viento remolca su cadencia,
anegando mudeces.

El cielo índigo,
se ha puesto un tul
pantalla total,
de esquina a esquina,
protección cincuenta,
vértice peligroso 
en la arista del orbe.

No cantan las chicharras,
volaron hace siglos, 
más al sur,
a labrantíos hercúleos de olivares.

Y una mirada inhóspita del sol,
que sangra hiriente y obnubilado
en su legajos,
nos basta para entender su enojo.


Rocío Biedma


                                
  Poema publicado en la Antología de las VIII Jornadas Pro Derechos                                             Humanos del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia.